Una vez mas y juro que les hubiese dado un golpe D:
Bueno, no ando en mood agresivo ni nada por el estilo.
La verdad siempre he sido un ratón de biblioteca. Cuanto libro cae en mis manos lo devoro sin consideracion. Siempre he sido así y parece que hasta hace poco comenzó a producir frutos -dejando a un lado mi "dudosa" buena ortografía y mi amplico léxico de palabras, (aunque no salga siempre de las mismas, por miedo a lucir como una sabelotodo pretenciosa).
El sábado hubo un concurso de cuentacuetos en la prepa. Obvio mi espíritu de ratón con complejo de bibliotecario y mi competitividad nata me llevo a inscribirme.
Cuando llegué me di cuenta que estaba repleto de gente, y la mayoría parecían nerviosos
"Mejor para mí" pense malevóla.
Cuando el concuso comenzó informaron que iba a ser por orden de lista -maldije en secreto mi apellido- como sea estaba dispuesta a esperar. Así comenzó el concurso y tras ignorar a los tres primeros concursantes me percate que casi todos los que habían pasado iban leyendo con la misma cadencia y con el mismo estilo, por no decir entonación, incluso parecía que decían las mismas palabras ... tenía dos posibles opciones:
1. Todos leían lo mismo
2. Estaba bajo el influjo de algún extraño hechizo que hacía que todo se repitiera (Wtf****?)
Decidi entonces prestar atención, y aliviada descubrí que TODOS ESTABAN LEYENDO EL MISMO CUENTO, -salvo unas pocas y divertidas exepciones ...aquello era en realidad frustrante-
Todos se paraban y decían la misma cantaleta y con el mismo estúpido tono Mi nombre es___________ y voy a leer el gigante egoísta, de Oscar Wilde...
Aquello era como para darse un tiro. Eso confirmo lo que el otro día aprendí, si los %*** volaran, el cielo siempre estaría nublado...
Yo leí algo más nice titulado "Inventario" allí se los dejo, para que vean lo nice que esta.
"INVENTARIO"
El gato se paseaba imaginariamente por el jardín y al cabo de un rato regresaba a la casa, donde le esperaba un tazón de leche. Bebía imaginariamente el líquido, se lamía los bigotes, se relamía una mano y luego otra y se echaba a dormir en el tapete de la entrada. De vez en cuando perseguía un ratón o se subía a lo alto de un árbol. Mi vecino se iba todo el día, pero cuando volvía a casa el gato ronroneaba y se le pegaba a las piernas imaginariamente. Mi vecino le acariciaba la cabeza y sonreía. El gato lo miraba con cierta ternura imaginaria y mi vecino se sentía acompañado. Me imagino que es negro (el gato), porque algunas personas se asustan cuando imaginan que lo ven pasar.
Una vez el gato se perdió y mi vecino estuvo una semana buscándolo; cuanto gato atropellado veía se imaginaba que era el suyo, hasta que imaginó que lo encontraba y todo volvió a ser como antes, por un tiempo, el suficiente para que mi vecino se imaginara que el gato lo había arañado. Lo castigó dejándolo sin leche. Yo me imaginaba al gato maullando de hambre. Entonces lo llamé: “minino, minino”, y me imaginé que vino corriendo a mi casa.
Desde ese día mi vecino no me habla, porque se imagina que yo me robé a su gato.
Bye-bye, me voy a clase de Contabilidad :)



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